15 Al oír aquello, uno de los comensales le djo:
- ¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!
16 Jesús le repuso:
- Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente;
17 a la hora del banquete mandó a su cridado a avisar a los convidados:
- Venid, que ya está preparado.
18 Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo:
- He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor.
19 Otro dijo:
- He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a prepararlas. Dispénsame, por favor.
20 Otro dijo:
- Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.
21 El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de la casa, indignado, le dijo:
- Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, lisiados, ciegos y cojos.
22 El criado dijo:
- Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.
23 Entonces el señor le dijo al criado:
- Sal a los caminos y senderos y aprémiales a entrar hasta que se llene la casa;
24 porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi banquete.
EXPLICACIÓN.
Un invitado expresa su deseo de participar en el banquete del mundo futuro (15); no sabe que el banquete del Reino y a se da en la comunidad de Jesús (5,29).
Respuesta, una parábola: los que van a gozar de ese banquete son los que él menos se espera; quienes ponen los propios intereses por encima del reino de Dios quedan excluidos de él (16-20). Los tres ejemplos resumen la respuesta de todos (18); los que viven para sí no aceptan la invitación 8cf. 8,14: "preocupaciones, riquezas, placeres"; 14,26.33; 18,24).
Indignación del dueño de la casa ante el desprecio. El designio divino de salvación universal (el reinado de Dios) se realizará aunque Israel, el primer invitado, lo rechace. Gratuidad absoluta: se invita entonces a los que no poseen nada, figura de los paganos (21). Como no se consideran dignos, han de ser persuadidos a entrar (23). Los primeros quedan excluidos definitivamente (13,25-30) (24).